
¿Sos team “Cupido” o “AntiValentín”? ¿Creés en el amor pero rechazás las fechas comerciales? ¿Te gusta celebrar toda festividad popular? ¿O directamente “te nefrega”? Cualquiera sea el caso, te comparto este aperitivo palabresco sobre el 14 de febrero.
Primero, vas a leer un collage de data histórica, y al final mi humilde opinión.
La info a continuación fue recauchutada de varias fuentes digitales, como notas periodísticas, Wikipedia, National Georaphic y hasta el mismísimo Vaticano. Van escritas a modo de ítems para que sea más fluida la lectura:
Cupido
• Dios romano del amor. Equivalente al Eros griego
• Hijo de Venus (erotismo) y Mercurio (comunicación); o quizás -porque hay distintas versiones- de Venus y Marte (el impulso).
• Representado como un niño alado y desnudo, quien porta un arco y flecha, cuyas heridas inspiran amor (flechas doradas) o desamor (flechas de plomo)
• Temido por su imprevisibilidad; y anhelado por su poder
Valentín
• Sacerdote del siglo III que, de forma oculta, casaba jóvenes en contra de las órdenes del emperador romano, que prohibía los compromisos juveniles para agrandar su ejército. También acompañaba a quienes habían caído presos del Imperio a transitar ese martirio.
• Dicen que convivieron en época y cercanía varios clérigos con ese nombre, y se ha terminado unificando su historia
• Descubierto, aislado y luego lapidado y degollado, dicen, un 14 de febrero.
• “San V.” Nombrado santo por la iglesia en el siglo VI: el Patrono de los Enamorados.
• “Ex San V.? la Iglesia católica dice que la tradición de San Valentín y el amor tiene su origen en un antiguo texto inglés (siglo XIV) cuyo autor, llamado Geoffrey Chaucer, sostiene que a mitad de febrero los pájaros comienzan a reproducirse.
• 14 de febrero en el siglo XIX: empieza a utilizarse como día para enviarse poemas, celebrar el amor y la amistad o día para casarse en diversas partes del mundo
• Quitado del calendario litúrgico en el siglo XX por ser más “Valentín” que santo.
• Mismo siglo, vuelto al calendario secular, ritual, por la tradición popular y el consumo como forma de relacionarnos.
Sea poético, religioso o mitológico, algo ahí acontece. Hay un movimiento social que valora el amor romántico de pareja. Pero el amor muchas veces no alcanza para una relación, por ejemplo: si se quebró la confianza. Lo romántico no le gusta a todas las personas. Y hay relaciones de amor y romances que no son solamente de pareja, en su doble sentido: “vínculo sexoafectivo” y “dos”. Y, también, junto al cuestionamiento de ese movimiento social, hay otro que desprecia el amor, el romance, la pareja. Y como son dos movimientos, los quiero poner a bailar.
“Amor romántico” se le ha puesto al mandato de la relación de pareja como forma prioritaria y única de relación a aspirar. Años se ha hablado de “solteronas”; hubo parejas arregladas entre familias; relaciones que se consuman por ser “buenos partidos”, etc., etc. Etc. Pero, además, hay una exigencia silenciosa para las personas que no son hombres o mujeres “tradicionales”: que las relaciones de y entre la comunidad LGBTTTI+ deben imitar a esa pareja ideal o sino nunca llegarán al amor, porque todos las formas de relación posible finalmente son réplicas de modelos, idealizaciones y representaciones de la misma pareja “normal” (de ahí la norma).
La escritora Coral Herrera habla del “mito del amor romántico” que incluye las fantasías de:
_“la media naranja” (hay alguien ‘allá afuera´ que nos está esperando, que hay que encontrar, que es complemento),
_del “amor para toda la vida” (más bien, de la relación “hasta que la muerte nos separe” a costa, la mayoría de las veces, del bienestar; y con un fuerte sentido de posesión) _que “el amor todo lo puede”, muchas veces funcionando como atadura frente a las violencias (físicas -golpes, v10l4c10n-; psicológicas -humillación, aislamiento-; económicas -quien maneja la plata-; simbólicas -lo femenizado vale menos-, etc.).
Y lo que propone es el “amor propio”, la no-exclusividad (en síntesis criolla: poliamores) y la “libertad y el disfrute del aquí-ahora” (hedonismo).
Pero qué tal si no todo el mundo tiene tiempo para tantas relaciones? y que tal si el amor propio se olvida de registrar a la/s otra/s personas al jerarquizar por sobre todo a la pareja? o que el hedonismo sea opuesto a la memoria? Qué tal si las crianzas no son solo en pareja, más allá de la orientación, sino en comunidad (de abuelazgos, amistades, guarderías, vecindad, etc); que tal si los mimos nos lo damos con muchas personas, que tal si nos podemos enamorar de, simultáneamente o no, de más de una persona, que tal si no queremos c0pul4r con quien sea amante, y queremos “solamente” (dicen) dormir y cucharear? Qué tal que si nos encantan de regalo los bombones de chocolate…? Sí, realidades.
Tal vez la música que nos haga bailar estos movimientos incluya salirnos desde el lugar de “el bien” o de “el hate” acerca de los actos, gustos y formas; dejar de mirar sólo para adentro o sólo para afuera, y conversar, hacernos preguntas, abrazar el “también”. Parar un poco la pelota, tomar agüita, respirar. Quizás conocer la historia de la efeméride, y qué diferentes cosas venimos sintiendo y pensando, nos invita a honrar la vida. Quizás estas fechas sean una forma amplia en la que narramos acerca de los misterios de la vida (como el amor) o un momento-espacio para la reformulación y consenso de las creencias que nos convocan. Momentos de comunidad. Acaso algo de eso se parece al amor?
Texto: C.- e Ilustración: 'A'
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